Los cuarenta días que nadie contó
Marisol Reyes tenía treinta y un años y una cicatriz de cesárea que todavía le ardía cuando se reía fuerte. Vivía en un dúplex de Reading, Pensilvania, con
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Manuel Osorio y la avenida Bergenline
El taller que mi suegra no pudo quedarse Me llamo Manuel Osorio, tengo cuarenta y un años, y llevo once reparando transmisiones en un local de la avenida
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El taller de mi suegro y las llaves que Rosaura no me quiso dar
Yo tenía cuarenta y un años cuando enterramos a don Herminio, y todavía me acuerdo del calor que hacía esa tarde en Reading, Pensilvania, un calor pegajoso de
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Cómo Rusty me trajo de vuelta a mi padre
Cómo Chispa me trajo de vuelta a mi suegro Yo soy el yerno. Diez años casado con Denise, y en todo ese tiempo nunca entendí bien a Arturo
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El taller que mi yerno intentó quitarme en Corpus Christi
Tengo sesenta y ocho años y todavía huelo a solvente de motor cuando me quito los guantes al final del día. Ese olor es lo único que no
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El sobre de Western Union en el bolsillo de Rosaura
Rosaura Campoverde tenía cincuenta y ocho años y una tos que ya duraba tres semanas cuando por fin se sentó en la sala de espera de la clínica
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El pulpo que se fugó del Acuario de Corpus Christi la noche del apagón
Marisol Reyes llevaba once años limpiando los tanques del Acuario de Corpus Christi y pensaba que ya lo había visto todo: iguanas que se trepaban a las tuberías,
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Las siete capas de Marisol
Marisol Ntege no dejaba de mirar la tela extendida sobre la mesa de su taller, un local pequeño alquilado detrás de una lavandería en el sur de Chicago,
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La taza de tres patas que Noelia diseñó para que su abuelo no la volviera a tirar
Noelia Reyes tenía siete años y vivía con sus abuelos en un dúplex de Pilsen, en Chicago, el verano en que empezó a fijarse en algo que los
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Voy a adaptar esta biografía de Mónica Bellucci al formato de historia dramática con nuevos nombres, ciudad estadounidense y detalles propios, siguiendo las instrucciones de estilo en español de EE. UU.
El camerino olía a laca y a café frío. Adriana Ferretti tenía las manos manchadas de maquillaje base tono tres, y llevaba puesta una bata de toalla del
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