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Llevo veintitrés años sembrando orquídeas en un terreno de media hectárea en las afueras de Kissimmee, y durante los últimos ocho lo hice con mi sobrino Mateo trabajando
Marisol tenía veintiocho años y en toda su vida jamás había tocado a un perro. No por principios. Simplemente, de niña, a los siete años, en casa de
Marisol Fuentes tiene cuarenta y un años y una lista de pendientes que nunca se vacía del todo. Vive en Reading, Pensilvania, en una casa de dos pisos
En el Hospital Metodista de San Antonio, Texas, hay una foto pegada todavía en la cartelera de la unidad de neonatología. Nadie la mandó a imprimir. Nadie pidió
Ramón Ibarra era dueño de un taller mecánico en el sur de Los Ángeles desde hacía treinta y un años, y la fuerza de su carácter la había
Marcus Bell tenía quince años cuando su mamá empacó todo lo que tenían en San Juan, Puerto Rico, y se los llevó a los dos a Orlando, Florida,
Se llama Rocco y tiene trece años. Cuando Marisol Delgado lo vio por primera vez, estaba echado al fondo de la última jaula del refugio de Pineville, ese
Setenta y ocho años cumplió mi madre el once de marzo, y ese mismo día firmé un papel que llevaba tres meses evitando firmar. Me llamo Rosario Peña,
Doña Amparo Reyes llevaba treinta y dos años arreglando ropa en un local de la Calle Ocho, en Miami, entre una barbería y una ventanita de café cubano
Rosa Delgado servía café en una taza con el asa despostillada cuando oyó el portón de metal cerrarse de golpe. Afuera, en su casa del este de Los
