La esposa que no conocían
Entré en la gala de la empresa de mi marido con mi hija de seis años de la mano y un regalo de papel que ella había hecho
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La casa que mi padre ya no podía dejarme
Mi padre siempre decía que la casa sería para mí. Lo decía en la cocina, en el patio, delante de los vecinos, delante de mi hermano. Lo repetía
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La gata que volvió con un secreto
Doña Mercedes abrió la puerta del cobertizo y se quedó inmóvil. En el rincón, sobre una manta vieja que llevaba meses prometiéndose tirar, había una gata gris atigrada.
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El perro que no dejó de esperarla
  Cada tarde, el perro negro aparecía en el mismo sitio. Junto al solar vacío detrás del supermercado, donde las farolas apenas alumbraban y la gente cruzaba rápido,
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La niña que no esperaba
— ¡Álvaro, es una niña! ¡Tres kilos cuatrocientos! — dijo Marta por teléfono con una alegría cansada que tendría que haberme atravesado el corazón. Yo estaba bajo las
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La caja que llegó diez años tarde
    Hace diez años me convertí en padre y viudo el mismo día. Mi mujer, Laura, entró de parto una madrugada de lluvia en Valencia. Esperábamos trillizas.
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La cuenta donde mi hija valía menos
— Para Lucas, este coche teledirigido, el que lleva motor. Le viene perfecto, es un niño listo. Y para la niña… bueno, compradle unos caramelos. Los juguetes caros
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El salmón era solo para los nietos de sangre
  En el recibidor olía a ajo asado, romero y mantequilla cara. Sobre la alfombrilla había dos pares de botas infantiles llenas de barro. En el perchero colgaba
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El piso que mi marido quería vender por su hermana
— Tenemos que hablar seriamente de tu piso — dijo Marcos durante el desayuno, removiendo el azúcar del café con tanta fuerza que la cucharilla golpeaba la taza
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El piso que no podía regalar su marido
La llave giró en la cerradura con un crujido seco, como si alguien partiera una rama vieja. Marina estaba en el recibidor quitándose la chaqueta después de una
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