La taza vacía
Era la cena anual de la empresa y el restaurante parecía flotar sobre la bahía de San Diego. Desde el ventanal del piso diecisiete, las luces de los
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Me rompiste suficiente
El primer diamante rodó hasta el zapato del senador antes de que nadie entendiera lo que pasaba. El segundo se detuvo junto a la tarima de la orquesta.
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La llamada de las 9:47
A Mateo Vargas esa noche lo despertó el teléfono, y el teléfono le trajo un silencio que aún le pesa en el pecho. Tres meses y once días
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El té tibio que me ofreció mi yerno en su casa
El domingo por la tarde en casa de Verónica y Mario había más de diez personas. Los padres de Mario llegaron desde San Antonio, y dos de sus
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El collar de papel y la otra esposa
El vestíbulo del hotel olía a lirios y a dinero. Camila apretaba mi mano izquierda y en la derecha cargaba su collar de macarrones pintados con plumón rojo.
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A la una de la madrugada, la amante de mi esposo me mandó una foto para humillarme. Una llamada antes del amanecer desmoronó su vida perfecta.
El teléfono vibró sobre la barra de la cocina a la una y siete minutos. Yo estaba descalza, con la camiseta vieja de Andrés, y el reloj del
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El Perro Bajo el Contenedor
—Si sales por ese perro, esto se acabó. No hay más vueltas. Susana dejó la taza sobre la isla de la cocina con un golpe seco. El café
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El hombre que me dijo “no vas a tener ni un centavo” no esperaba que yo ya tuviera otro trabajo
Roberto dejó caer las llaves del Mercedes sobre la isla de la cocina. Era jueves por la noche, casi las once, y venía del club. Acababan de nombrarlo
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Heridas de otro
Soledad creció viendo a su madre envejecer frente a una estufa de gas que nunca terminaba de funcionar bien. Carmen había sido la estudiante estrella de su generación
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El lobo que les tenía miedo a los gatos
José encontró al animal en el límite sur de su rancho, cerca del arroyo seco. Una trampa de acero le había destrozado la pata trasera derecha. El lobo
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