Elena Gante
Nunca pensé que una cerradura pudiera salvar un matrimonio o terminar de mostrar que ya estaba roto. Me llamo Marta, vivo en Zaragoza y aquella mañana de sábado
— Entréguele las llaves — dijo Mariana, parada en medio de la recámara, con la bata mal cerrada y la voz temblando de coraje. — Usted no vuelve
— Regresé solo por los niños — dijo Daniel, parado en la entrada con una maleta en la mano. Hizo una pausa larga, de esas que en su
Nunca imaginé que el cumpleaños número dieciocho de mi hija sería también el día en que mi esposo decidiría decirme que treinta años de matrimonio ya no valían
Me llamo Beatriz, tengo setenta y dos años, y mi casa volvió a tener risa el día en que una niña de siete años tocó mi puerta con
Una niña me detuvo en una banqueta llena de gente en la Ciudad de México y me pidió unos zapatos para la escuela. No me pidió dinero.
Durante dos años asentí aunque muchas veces no escuchaba casi nada. Asentía cuando mi nuera hablaba rápido desde la cocina. Asentía cuando mi hijo me preguntaba si
— Ya hice mi maleta. Me voy unos días con mi mamá. Estoy cansado de este relajo — dijo Héctor, parado en la entrada con una mochila enorme.
Tengo sesenta años y vivo sola en un departamento sencillo en Puebla. Dos recámaras, cocina pequeña, sala con un sillón que ya perdió la forma y un balcón
Solo han pasado cinco días desde que trajimos a Toby del refugio en Querétaro, pero a veces siento que la casa estaba incompleta antes de que él cruzara
