Humano ES
Me llamo Marisol Castillo y tengo cincuenta y nueve años. Hace seis, me casé con un hombre que en ese entonces tenía veintiocho. Alejandro Vargas, instructor de tango
A mi hija Valentina le dio por rescatar bichos desde que aprendió a caminar. Lagartijas, pajaritos caídos del nido, una vez hasta un mapache medio atropellado en la
El golpe sonó más fuerte que los acordes del mariachi que acababan de callar. Mi cabeza se fue de lado y el borde de la mesa de regalos
El día de la graduación de Valeria, la temperatura en San Antonio ya había trepado a treinta y ocho grados antes de las nueve de la mañana. El
Pues miren, yo todavía no veo dónde está mi error. Mi novio Eddie me puso los cuernos con mi prima Yasmin, así que me acosté con su papá.
Valeria estaba en la cocina cuando sonó el timbre. Dejó la olla de los frijoles al mínimo y se limpió las manos en el delantal. Sabía quiénes eran.
El ruido del tráfico en la I-10 entraba por la ventana entreabierta. Yo estaba sentada a la mesa de la cocina, con un montón de estados de cuenta
Julián se paró en medio de la cocina con el plato hondo en la mano, mirando los macarrones como si le hubieran servido sopa de agua. —¿Otra vez
Valentina sacudió el último manojo de cilantro y lo dejó caer sobre la toalla de papel. El olor a carne al pastor llenaba todo el patio trasero y
Ese domingo no pensaba ir. Como casi todos. Tenía ropa sucia, mensajes acumulados, la tarea de Camila y un montón de pendientes. Nada grave. Pero suficiente para ir
