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Marta llevaba tres mañanas intentando salir hacia la casa de la sierra, y tres mañanas el perro del vecino se lo impedía. — ¡Trasto, sal de ahí! ¡Vamos!
Lucía intentó salir tres días seguidos hacia su casita de descanso, pero el perro del vecino no la dejó. — ¡Max, quítate de ahí! ¡Por favor! Estaba parada
Elena llevaba tres días intentando irse a la casa del pueblo, pero el perro del vecino no se lo permitía. — ¡Baco, apártate! ¡Ahora mismo! Estaba en la
Iván estaba junto a la ventana de la habitación, sentado en una silla de ruedas que todavía le parecía ajena. El hospital de Burgos tenía pasillos luminosos, médicos
Tomás estaba sentado en la silla de ruedas junto a la ventana del hospital y miraba el patio interno como si allí pudiera pasar algo. Pero no pasaba
Hugo llevaba casi toda la mañana sentado en la silla de ruedas junto a la ventana. Miraba el patio interior del hospital a través de un cristal que
Lucía había aprendido tarde que no todo hombre lindo trae felicidad. El primero se llamó Federico. Era de esos tipos que entraban a un lugar y obligaban a
Teresa creyó durante años que amar era esperar. Esperar llamadas, esperar promesas, esperar que un hombre bonito acabara convirtiéndose en un hombre bueno. El primero se llamó Marcos
Mariana pensaba que el amor tenía que verse bonito. Con flores, mensajes de buenos días y un hombre del que una pudiera tomarse del brazo para pasar frente
La sentencia familiar la dio la hija mayor, Rosario. — Una arrimada — dijo. Lo dijo con desprecio, como si la muchacha que estaba parada junto a la
